Juan Sarabia
viajaba en un diablito
Por: Ángel Germán
Las
lámparas brillaban ya sin ganas, la oscuridad aún tenía extendida sus brazos
por toda la cuidad, serían cerca de las 5 de la mañana, para ser un 15 de mayo
las temperaturas estaban pronosticadas entre seis y veinticinco grados, un día
soleado en que los maestros podrían disfrutar de una tarde de cervezas con
colegas, sería como un domingo entre semana.
A esas horas de la mañana sólo deambulaban cuerpos
que con un esfuerzo colosal trataba de mantenerse en pie, antes de caer
rendidos al asiento del camión que los llevaría otra vez a la fábrica y los
lavacoches que con las manos callosas de tanto apretar el trapo todavía
quitaban de su frente el poco sudor que les resbalaba, mientras se rifaban otro
taxi.
Para
Antonio Correa Colón no era difícil levantarse temprano, esta semana cumplía
medio año trabajando de mañana. El
autobús llegaba por él quince antes de las seis, así que se sentó a esperar
unos minutos más, a lo lejos se miraban unas personas que frente a una estatua,
no se le hizo tan raro, a veces las personas por la mañana van meneándose por
la calle y agreden a lo que se les atraviesa en el camino.
Empezó
a notar algo raro en los movimientos de las personas cuando despegaron la
estatua de su base y como pudieron cargaron con ella, la dejaron caer en un
diablito con mucho esfuerzo. Y así emprendieron huída.
Para
la tarde de ese jueves, al regresar del trabajo Correa Colón notó que a la
Alameda le faltaba uno de sus miembros principales. ¡Esto es un escándalo!
Pensó. Tendremos que llamarla de otra manera.
La
Policía Ministerial realizaba un investigación de los últimos robos de placas y
bustos que se han registrado a lo largo de la cuidad, el caso de la Alameda no
era el primero.
Armados
con cincel y marro, la pareja de jóvenes retiraron el busto de su base y con
toda cautela lo pusieron en el diablito. Juan Sarabia nunca había imaginado
viajar en una herramienta de carga como esa, su condición de senador no se lo
hubiera permitido. Y mucho menos que en tiempos como el que vive nuestra
economía sería rentable su efigie, llegando a cotizarse en un promedio de 50
pesos por kilo, al que lo quisiera agarrar.
Detenidos
esa misma mañana la pareja de ladrones reveló que operaron en la Alameda Juan
Sarabia, en la plaza de Fundadores, en Notarías Públicas, consultorios médicos
y de otro tipo de negocios, así como en el Rio Santiago y cualquier otro lugar
donde hubiera placas y bustos de este material.
Los
detenidos son Uriel A. de 21 años de edad, Luis E. de 20 y
Mariela E. de 37 años de edad, todos con domicilio en los condominios San
Jorge, de esta ciudad.
En
el trabajo de investigación de la Ministerial, se supo que el jefe de la banda
era Uriel y en su interrogatorio declaró tener varios robos como este en
distintos puntos de la capital y de Soledad de Graciano Sánchez, pero también
dio domicilios de los lugares donde comercializó el producto, los cuales ya
están siendo investigados.
La
Policía Ministerial apuntó que en este caso habrán de extenderse las pesquisas
para saber si los mismos detenidos
tienen responsabilidad en los robos de las tapas de colectores como
alcantarillas que también se extienden en primer cuadro de la cuidad y sus
periferias.
El
busto de Juan Sarabia continúa a la tutela de las autoridades corroborando como
testigo y prueba del ultraje, pero nunca se podrá olvidar el viaje que hizo en
diablito.
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