Por: Ulises Aramís
“La afición mexicana depende cada vez más de su capacidad de autoengaño.”
Juan Villoro

Si existe algo que la mayoría de los latinoamericanos disfrutamos es el fútbol. Acumulación de exageradas emociones emerge de aquellos que gozamos ver estrategia, fuerza, creatividad, sufrimiento, esperanza, etc. La ilusión de ver “la de gajos” en las deseadas redes, es fundamental para que éstas hiervan. En torneo y en liguilla, se ve al equipo de los amores jugar, no importando si el tanto fue de argentino, colombiano o uruguayo. Son adorados, son héroes. Éstos pueden llegar a ser detestados, y no por un bajo rendimiento, sino por una traición patriótica.¿Exagerado?
A nivel selección, los naturalizados son una constate polémica para directivas, pero sobre todo para los D. T. (el aficionado) de los “beviernes” por la noche. ¿Debemos aceptar que llegue un extranjero, que fue ignorado en su país, por ser opacado ante los abundantes “compatriotas” que militan en la élite futbolera (Europa)? Son constantes las afirmaciones de que no debemos sobrevalorar el deporte, que si al negarse un futbolista a una convocatoria no hay que tacharlo de traidor, y mucho menos prender un vela para que venga, pues no pasa de ser una simple convocatoria. La realidad es que para la gran mayoría es importante un partido de selección, y no por ello nuestro patriotismo queda allí. Los que se han naturalizado, y que juran ser mexicanos tanto como los demás, podrían estar ante una red de mentiras y que el oriundo esté en un autoengaño. Primero: el naturalizado se miente al creer que su nuevo país es todo; no puede desligarse tan facilmente de momentos cálidos que pasó con familiares y amigos; educación familiar y escolar de lo que es o fue su país. Los clubes mexicanos pagan mejor que los sudamericanos y ello puede ser un estímulo para buscar un mejor estado económico y después utilizar un puente (la selección) e ir a la élite futbolera. Para Octavio Paz: “… el héroe se vuelve problema. En varias comedias se plantea la cuestión de la mentira: ¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es a sí mismo a quien engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.” No me imagino yo, en Argentina, pretendiendo amarla, negar a mi tierra, y olvidarme de mi chile mexicano.
El naturalizado teje su mentira al sentirse mexicano y portar la camiseta. Pero lo más doloroso es que el aficionado azteca intente forjar un autoengaño, que crea que el naturalizado es un digno representante del país, cuando podría ser una simple transición para mejorar su vida, o simplemente por desistir ante la competencia que se encuentra en tierras rechazadas, y obtener una por las carencias de otra. Porque ¿cómo pueden competir “Chaco”,Vuoso, Lobos contra Messi, Agüero, Higuaín, Tévez, Di María, Pereyra, Mascherano y la inmensa lista de argentinos que juegan en Europa? ¿Exagerado? Quizás sí, pero prefiero ver a mi selección derrotada y auténtica que ganadora y engañada.
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