domingo, 6 de abril de 2014

Noé



Emmanuel Ramírez
-Advertencia, puede contener espoilers-
Las adaptaciones cinematográficas de las historias bíblicas no son cosa nueva, piénsese, por ejemplo,  en Los diez mandamientos (que seguramente disfrutaremos esta Semana Santa); lo común en la mayor parte de ellas es que procuran basarse, al pie, en las escrituras bíblicas. Aunque a esta regla han escapado algunas que tratan de la vida del mesías, como La última tentación de Cristo, hasta este momento no había pasado cosa semejante con el antiguo testamento. Es en este contexto en el que aparece Noah, una película que, aunque recurre regularmente a la sagrada escritura, en lo general escapa de ese marco para brindarnos una historia “original”.
La historia es la que se conoce: Dios le encarga a Noé construir el Arca para salvarse del diluvio. Lo (hasta cierto punto)  interesante, es que el acontecimiento no es el centro del filme, el punto se basa en la batalla que tiene con el resto de los hombre:  mi recuerdo de la biblia (libro al que no recurro [error fatídico] para construir este artículo) es que Noé insta a la humanidad en resguardarse en su arca, pero ellos, desoyen sus palabras; acá no: en la película, el protagonista lucha porque los demás no entren en el arca, convencido de que esa es la voluntad de Dios. La causa: “los hombres”, como les llama la familia de Noé, son descendientes de Caín, marcado por Dios por haber matado a su hermano, lo que los ha vuelto codiciosos y les ha hecho volverle las espaldas al Creador. En cierto modo esta película es, como Operación Valquiria, un filme en el que sabes el final, y lo relevante es el nudo.
Su constitución la vuelve una más de ese grupo de películas que se basan en historias para reinventarlas y, comúnmente, destruirlas, como recientemente han sido Hansel y Gretel, Blancanieves y el cazador, y La chica de la capa roja, sin embargo, si entre ellas sobresaliera una, sería Noé, que no sólo nos quiere presentar una historia de acción, sino que profundiza un poco en temas de actualidad: alguien me dijo que otra fuente (quizá en tono de broma) señalaba que Noé era el primer vegetariano de la historia, lo que abre la posibilidad de ver la cinta como una defensa de los animales (si la has visto te quedará más claro), tema tan en boga en la actualidad. En lo que a mí respecta, conjeturo una crítica a la industrialización y el materialismo (y ahí va algo de spoiler): la descendencia de Caín construye ciudades, se industrializa y le vale un pepino a quién tenga que pisar y el daño que provocan sus acciones en el medio ambiente; en la película se ve, debido a esto, un paisaje estéril, lo que sintoniza con otro de los trending topics de la sociedad del siglo XXI, el deseo de volverse verdes, para evitar un destino como el de Wall-E.
Ahora bien, la he metido en el cajón de las películas-palomeras-que-nunca- ganarán-un-premio, pero no por eso se debe desanimar el lector para verla: en lo que cabe, es buena, si me preguntarán el porqué, respondería así:
Lo bueno de la película es que no se limita a narrar la construcción del arca y el diluvio: recupera otras cosas de la biblia que la vuelven más rica, a Matusalén, por un lado, y a la descendencia de Caín, por el otro, quienes no tienen mucha relevancia en la biblia, aunque, los segundos, se presenten como una amenaza para el pueblo de Dios. La manera en que Dios habla con Noé se vuelve más verosímil, ya que en la película es un acto onírico, y no una discusión directa con el Hacedor.
A favor también se encuentra la combinación acertada que hicieron entre lo religioso y lo científico, cuyo principal exponente se encuentra en la narración de la creación.  La mezcla es tan balanceada, que no se ve la preponderancia de una sobre la otra.
Los vigilantes son un buen elemento de la trama. Quizá erróneos bíblicamente, brindan el apoyo que se necesita. Su apariencia es sorpresiva para su naturaleza, pero su historia muestra una coherencia interna estupenda, ¿de qué otra maneta lo espiritual se integraría al mundo material?
Hablando de los vigilantes, debo añadir también como punto a favor algunos clichés y lugares comunes bien empleados, si bien, muchos de ellos caen en la pesadez o cursilería, dos o tres se salvan, y merecen su reconocimiento.
Por último me gusta destacar la actuación de Anthony Hopkins, cuya participación no es primordial, pero está bien realizada; quizá sea la mejor del filme.
Lo malo en la película se puede resumir en una frase: “se les va de las manos”, pero para platicar de ello debería hablar de otra cosa:
Probablemente el diluvio (esencial en la historia) fue un error: marca un antes y un después de la historia. Las actuaciones tienen una transición horrible cuando la familia de Noé entra al barco: entre ellos el que destaca es el caso de Noé, que de ser un hombre infundido con la voluntad de Dios se vuelve un loco estilo Jack Torrance (el de El Resplandor). En menor medida están Emma Watson, cuyas escenas de llanto se vuelven horribles, y Cam y Sem: el primero despuntaba para buen oponente y el segundo para buen guerrero y ninguno logra su cometido.
Los efectos visuales también se van de las manos, no puedo decir que le falten, porque en algunas escenas son muy buenos, pero en otras parecen que la sacan como Dios les da a entender.
La historia, en sí, se les va de las manos: cuando en un momento los vigilantes se encuentran del lado de Caín, al siguiente momento son sus víctimas, y cosas parecidas. Pero ahora, como esta historia se está volviendo larga, hasta ahí le dejo, esperando, como siempre, que disfruten.

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