Ese tipo de peste que se suscitó en
el siglo xiv ―pandemia fatal―, o la que relata Camus en su libro homónimo a
esta enfermedad, en donde son las ratas las que aparecen muertas y como un mal
que incomoda aparecen por toda la ciudad, no es nada en comparación a la “peste negra” que se desploma en nuestra
ciudad potosina, ya desde hace mucho San Luis Potosí dejó de ser la ciudad de
los jardines para convertirse en la de los puentes. Dejó de ser un lugar de
oración para convertirse en uno de violación, estupro y vicios, la peste negra a veces se viste de alba
para depositar en los cálices de penitentes la más vil de las pruebas
execrables de cualquier ser humano. No hace ni dos meses que se acusó a uno de
estos pesticidas negros de estupro: Noé Trujillo, el cual de no haber sido lo
que en teoría representa ya estaría pagando según la ley (como tantos, incluso
inocentes, sumando que, el sacristán de esa localidad, testigo acular fue
asesinado “misteriosamente”),
sin embargo, no es así, quizá por las
relaciones de poder que el hoy señalado pederasta por centésima vez Eduardo Córdova, (otro de los propagadores de
la peste negra) tiene con el gobierno, ya sea tricolor, azul o amarillo, todos
quieren con el encubrimiento ganarse el cielo, pero lamentablemente lo único
que ganaran es más y más descredito ambas instituciones. No esta demás decir,
que si el pueblo potosino estos días santos alza la voz es precisamente porque
desea que así lo sean, pero lamentablemente,
los hombres lúgubres que propagan
la peste negra hacen de estos días santos, malditos y vergonzosos ante la mirada de algún dios. De nada sirvió el Manto
purpura, La puta de Babilonia, el
caso Maciel. El del cura de mi colonia que sin pena y sin gloria va y le canta
a su enamorada el día de sus quince años, de nada sirve el trabajo de Alberto
Athié. Las cosas de Dios efectivamente no son cosas del hombre, pero estos
hombres que apestan la vida espiritual de los parroquianos, si afectan las cosas
del hombre, la moral, el respeto, la ética profesional. ¡Espurios! estos y
quienes los encubren.
sin embargo, no es así, quizá por las
relaciones de poder que el hoy señalado pederasta por centésima vez Eduardo Córdova, (otro de los propagadores de
la peste negra) tiene con el gobierno, ya sea tricolor, azul o amarillo, todos
quieren con el encubrimiento ganarse el cielo, pero lamentablemente lo único
que ganaran es más y más descredito ambas instituciones. No esta demás decir,
que si el pueblo potosino estos días santos alza la voz es precisamente porque
desea que así lo sean, pero lamentablemente,
los hombres lúgubres que propagan
la peste negra hacen de estos días santos, malditos y vergonzosos ante la mirada de algún dios. De nada sirvió el Manto
purpura, La puta de Babilonia, el
caso Maciel. El del cura de mi colonia que sin pena y sin gloria va y le canta
a su enamorada el día de sus quince años, de nada sirve el trabajo de Alberto
Athié. Las cosas de Dios efectivamente no son cosas del hombre, pero estos
hombres que apestan la vida espiritual de los parroquianos, si afectan las cosas
del hombre, la moral, el respeto, la ética profesional. ¡Espurios! estos y
quienes los encubren.
ver además:http: //pulsoslp.com.mx/2014/04/09/alberto-athie-acusa-de-pederastia-al-sacerdote-eduardo-cordova/


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