Cristóbal Emmanuel
Ramírez Bustos
Hasta antes de ver la película sobre el Mimo de México, mis
esperanzas en este filme (que pretende competir por un Oscar) eran pocas; quien
dé una búsqueda rápida por la web podrá encontrar más de una nota que diga que
fue una gran decepción. Después de verla, sin embargo, me atrevo a rebatir esos
comentarios. Créame quien lo quiera, yo soy una persona muy difícil de
complacer cinematográficamente, y el hecho de salir sonriendo de la función fue
un hecho que hasta a mí me desconcertó.
Ello no significa que no le
encontrara defectos, que los tiene y saltan a la vista inmediatamente,
empezando por una no-tan-sencilla transición entre las dos líneas temporales:
los preparativos para la película La
vuelta al mundo en ochenta días por un lado y el ascenso de Mario Moreno
por el otro; pero aunque estos cambios de tiempo no son perfectos, ciertamente
no es tan dificultoso seguirlo, y, pienso, les hubiera sido más difícil
producir la historia de manera lineal.
Tenemos también una configuración
de los personajes secundarios muy superflua: el personaje principal y Shilinsky
son los únicos que logran proyectar algo de “sombra”, y lo de Estanislao
Shilinsky es únicamente por la importancia que el personaje tuvo en la carrera
del protagonista o, quizá, por su reiterada aparición en pantalla; ni siquiera
“Valita”, la esposa de Cantinflas, tiene gran repercusión en el filme.
El poco trabajo en el personaje de
Valentina Ivanova, trae lo que podría verse como la mayor debilidad del filme, ella,
que es la encargada de aportar la gran carga dramática al filme no logra
proyectar al espectador la desesperación y tristeza que se le ven sufrir. Pero
esto no es sólo cosa de Valita, incluso el personaje principal tiene parte en esta
decadencia dramática, ni siquiera en el culmen (o sima) de la vida de Mario Moreno,
su pelea contra Cantinflas, logran provocar nada. El filme dura cien minutos,
añadir veinte que se introdujeran en las relaciones humanas de Mario Moreno, no
hubiera sido pesado y hubiera ayudado.
Acarrear famosos para interpretar
a los grandes actores del Cine de Oro mexicano fue, a gusto personal, la gran
mala decisión de la película: las apariciones del Indio Fernández, María Félix,
Jorge Negrete son sólo cameos que bien pudieron llenarse con extras que se
parecieran físicamente a los personajes reales, sin embargo, el resultado pasa
como muestra del amiguismo de la compañía productora que está sobre las
necesidades de la película. Es mi pensar que, de haberse elegido personas con
rasgos semejantes para representar a los Actores, las escenas donde aparecen
hubieran ganado una sobriedad que ayudara a la cinta.
Y ya que hablamos de la
producción, cosa triste me fue escuchar en el soundtrack canciones con voces
modernas como la de Enrique Bunbury (u otra de Alex Syntek que aparece en los
créditos pero jamás escuché) cuando la época retratada tenía muy buen
repertorio vocal. No cabe duda que la verisimilitud es un gran aporte al séptimo
arte, y aprovechar las voces de la época le hubiera dado mayor credibilidad. En
el mismo sentido está el que en las dos o tres escenas en que se “filman”
películas de Cantinflas, se opte por un blanco y negro en HD y no por una
imitación de los defectos que tienen las cintas originales. Acatar estos
pequeños detalles le hubiera dado mayor validez histórica.
Los diálogos acartonados son otro
defecto, ver a la “plebada” hablar en la carpa te hace ver la falsedad de lo
presentado. Pareciera que la actuación no ha mejorado desde la época
representada. Lo peor es que si fuera sólo en ese momento, cuando extras dicen,
con el tono chilango del viejo cine “saquen a las gordas” o “vete a la… fregada”
uno pudiera decir “qué bonito, un tributo al viejo cine”, pero no, también en
una o dos ocasiones el propio Mario Moreno tiene esos traspiés de censura
léxica.
Tanto he dicho de los defectos de
esta cinta que una defensa debería tener al menos la misma cantidad de puntos,
pero no es así. A favor de la película está la gran actuación de Óscar Jaenada
como Cantinflas, que no deja nada a desear, así como el uso de la comedia, que
no es forzada (uno de los principales defectos que ha arrastrado la producción
nacional) sino fluida. Debe decirse que la película resultó ser lo que
prometía, la historia de Cantinflas, lo que permite obviar las dificultades que
se tuvo para representar a un Mario Moreno humano; en síntesis, la película no
era de Mario, sino del Mimo de México.
Uno puede seguir viendo las
joyitas que tiene la película: la aparición de los famosos de ese tiempo, tanto
los nacionales, como los actores (a pesar de la elección del elenco que los representa), como de
Agustín Lara o de los directores y la mención importantísima de Churubusco,
además de la CTM; así como los internacionales: Frank Sinatra, Liz Taylor o Charles Chaplin. Punto a parte debe mencionarse la mofa que el Mimo de México
hace de Marlon Brando. El remate son las escenas finales: los epílogos son un
gran acierto en una película biográfica; el baile, durante los créditos, del Bolero de Raquel, y el fragmento de
entrevista en que Mario describe a Cantinflas como parte del pueblo hacen que
(casi) todo se perdone.
En fin, Cantinflas es una buena producción, una más grande que sus errores,
y si se quiere pasar un buen rato es una opción muy divertida para recordar y
re-conocer a uno de los protagonistas más importantes del cine de oro. Quizá no
esté cerca de ganar un Oscar, pero es un deleite que esté en la competencia.
Enjoy.





